Maria Angeles Diaz Ojeda


Maria Angeles Diaz Ojeda

Biografía

Nací en 1952, en Sidi Ifni, localidad del sur de Marruecos que fue colonia y provincia española. En mi adolescencia viví algún tiempo en El Aaiún (Sáhara Occidental), que también fue colonia y provincia española. En la Universidad Complutense de Madrid me licencié en Ciencias Políticas y Sociología, Especialidad de Antropología Social, en el año 1977. Ese mismo año nació mi único hijo.

Mi vida laboral se ha desarrollado prácticamente en su totalidad en la Administración Pública, primero como Auxiliar Administrativo en diferentes Ministerios y luego como Funcionaria del Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos. Tras mi nombramiento como Conservadora de Museos (1986), desempeñé la Jefatura del Departamento de África del entonces llamado Museo Nacional de Etnología (en la actualidad Museo Nacional de Antropología) hasta el año 1991, en el que participé en un concurso de traslados para obtener una Jefatura de Servicio en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, en cuyo ámbito he realizado mi actividad laboral alternando destinos en los servicios centrales con otros en el exterior, principalmente en Guinea Ecuatorial. Me jubilé anticipadamente el 31 de diciembre de 2013, ante la imposibilidad de compatibilizar adecuadamente mi trabajo de Consejera Técnica de Cooperación con los Países de América del Sur y representante sindical (UGT) en la Junta de Personal, y la atención y cuidado de mi anciana madre, que ya era muy mayor y estaba muy enferma.


Motivación

Desde que tengo memoria he considerado que la política forma parte de la vida de las personas, sean o no conscientes de ello y con independencia de que formen o no parte de una organización política. Esa manera de pensar me llevó a estudiar Políticas y Sociología en los años finales de la dictadura franquista y también a no militar en ninguno de los partidos que fueron situándose en el escenario político de la Transición. Porque, instaurada ya formalmente la democracia, ninguna de esas formaciones incorporaba la visión de la actividad política como algo consustancial a la propia existencia de las personas; más bien la consideraban como algo a ejercer de manera especializada por unos pocos que, una vez elegidos en las urnas, quedaban legitimados para marcar el rumbo y tomar decisiones en nombre de la gente, cuya participación quedaba limitada a votar en las elecciones cada cuatro años.

Cuando surgió PODEMOS, con la defensa, el respeto y la aplicación de los derechos humanos como principal bandera, y "poniendo a la gente en el centro", vi que debía incorporarme activamente para contribuir a un proyecto que empodera a las personas, que toman consciencia de la importancia de su participación permanente en la toma de decisiones y la ejercen; en una Organización en la que sus representantes electos en las instituciones del Estado no son líderes ni dirigentes, sino portavoces al servicio de la voluntad política de la ciudadanía a la que representan.